iPhone X seis meses después: por qué sigue siendo mi smartphone principal

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Drita|04.30.18

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Drita
April 30th, 2018
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iPhone X seis meses después: por qué sigue siendo mi smartphone principal

iphone x

El iPhone X ha sido posiblemente uno de los teléfonos que más revuelo han montado con su lanzamiento y comercialización desde los inicios de esta era smartphone. Un cambio de diseño, una "ceja" metida con calzador, un sistema de reconocimiento nunca vista y, sobre todo, un precio doloroso fueron algunos de los factores que provocaran que la gente desconfiara mucho de Cupertino en general y del buque insignia de Apple en particular.

Mi trabajo me permite probar prácticamente todos los teléfonos del mercado y vaya si lo hago: los testeo, los uso y pasan conmigo el tiempo suficiente como para obtener una opinión formada de todos ellos. Sin embargo, cuando acabo con estas pruebas siempre termino volviendo precisamente al mismo teléfono: el iPhone. Actualmente cuento con un iPhone X que sigue siendo mi smartphone principal más de seis meses después de su lanzamiento. Se ha hablado mucho, para bien y para mal, del teléfono de Apple, así que tras tanto tiempo manteniéndolo como mi teléfono de cabecera, quiero explicar cuáles son para mí los aspectos que siguen haciendo que siempre vuelva a él.

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Somos unos exagerados: el 'notch no es para tanto



La famosa ceja en la pantalla del teléfono es posiblemente de los detalles más llamativos que tiene este terminal. Está en su frontal y en un panel que "debía ser" completamente limpio. Es normal que todos nos lleváramos las manos a la cabeza cuando descubrimos que la desaparición del Home llevaba consigo este peaje estético. Pero, oye, meses y meses después, uno mismo se termina sorprendiendo ante el hecho de que es algo que pasa 100% a segundo plano.



Hace tiempo que el "notch" dejó de disgustarme y hasta lo veo un detalle distintivo de este teléfono –aunque viendo el panorama esto podría durar más bien poco. La única pega que puedo ponerle es que algunas aplicaciones siguen sin estar bien adaptadas a este "cuerpo extraño", e incluso la propia interfaz de iOS se ha visto "sacrificada", provocando en algunos contados casos una pérdida de información importante al tener que recortar los iconos y datos que se muestran en la esquina superior izquierda –no poder ver de un vistazo el porcentaje de batería que me queda me m-a-t-a.

Viva el reconocimiento facial


Debo reconocer que jamás confié en el reconocimiento facial de Apple. Lo dije en su momento, lo he reconocido en el podcast y es una losa (no podrá ganarme la vida como futuróloga, está claro) que me acompañará siempre. Supongo que esta actitud tan reacia al principio ha hecho que mi fascinación por esta tecnología haya sido incluso mayor cuando empecé a usarla y a aprovecharla como se debe.



El sistema de reconocimiento facial de Apple es increíblemente complejo y funciona realmente bien. La plataforma aún debe perfeccionar la lectura en algunos momentos (mi cara de dormida con los ojos algo fruncidos en la oscuridad de la noche sigue sin detectarla así como ciertos momentos en los que llevo gafas de sol), pero en general te sorprenderá lo increíblemente bien que fluye todo.

Sigo echando de menos el tener el teléfono en la mesa y darle en el botón Touch ID para desbloquearlo sin tan siquiera agarrar el teléfono, pero se trata de un gesto que ya he olvidado. Somos animales de costumbres. Ahora mi inercia es mirar a la cámara cuando voy a desbloquear algo y sin mover las manos y el lapso de tiempo que se invierte es el mismo que cuando se utilizaba los dedos.

Su cámara sigue siendo fantástica


Apple siempre ha montado grandes cámaras en sus teléfonos y en el iPhone X no iba a ser la excepción. Es cierto que el resto de fabricantes cada vez aprietan más y más y ahora es posible encontrar en el mercado terminales (como el Galaxy S9+, el Pixel 2 XL o el Huawei P20) con un rendimiento fotográfico increíblemente bueno (y en ciertos escenarios incluso con resultados superiores).

Aún así hay un modo en el que iPhone X me sigue pareciendo superior -y en el solo el Pixel 2 XL le pelea-: el modo retrato. El tratamiento de imagen y el efecto bokeh que consigue el smartphone de Apple me sigue pareciendo sencillamente perfecto y es una de las razones por las que al final siempre termino recurriendo a este equipo. Sé que Apple necesita incluir ya mejores controles para el usuario a la hora de captar fotos -la interfaz sigue siendo terriblemente básica-, pero a la hora de hacer fotos y hacerlas rápido y bien, sigue siendo mi compañero de batallas.

Su software sigue siendo mi prioridad


Os he enumerado algunas cualidades características del teléfono que o bien me han sorprendido gratamente o me siguen pareciendo buenas, pero, por encima de todo, si sigo usando el iPhone, es por su sistema operativo. iOS continúa ofreciéndome todo lo que quiero de manera sencilla y terriblemente intuitiva.

Siento que su plataforma es estable y muy madura, estéticamente me resulta muy atractiva y las aplicaciones desarrolladas para iOS siguen siendo, en su gran mayoría, apps muy cuidadas, por no hablar de que en muchas ocasiones (ya no tanto como antes, eso sí) algunas soluciones suelen llegar antes para el entorno de Apple que para otros sistemas.

Esto no deja al sistema operativo del iPhone libre de todo pecado. La llegada del iPhone X y la despedida el Touch iD supuso cambios que siguen sin convencerme de todo. Tener que mantener dos botones (el de volumen y el de bloqueo) para apagar el teléfono es incómodo así como el gesto para hacer capturas de pantalla o comprar una aplicación en una tienda. Toda la comodidad que ofrece su sistema de reconocimiento facial se ve restado cuando nos encontramos con la obligación de realizar ciertos gestos a mi juicio poco prácticos.

Con todo lo dicho, el iPhone X sigue siendo mi teléfono de referencia hoy en día. Prima sobre todo su sistema operativo por encima de cualquier otra prestación, aderezado por un rendimiento de cámara realmente bueno, un diseño que sigue siendo exquisito y una autonomía que me sigue ofreciendo una tranquilidad similar a la que experimentaba con las versiones Plus. Su "notch" es como digo algo muy secundario y el sistema de reconocimiento facial aún tiene que seguir sorprendiéndonos, estoy segura. ¿Su mayor pega? Indudablemente su precio, aunque los teléfonos de gama alta actuales cada vez tiran más por alto y han terminado asemejándose tanto que cada vez es más complicado de criticar -en la gama más top de telefonía, por supuesto.

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