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El robot-bebé de Kokoro sólo quiere tu amor (y tal vez tu alma)

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Existe algo inherentemente terrorífico en los niños pequeños. ¿Será su mirada curiosa y en ocasiones turbadoramente inoportuna? ¿Sus primitivos y asíncronos movimientos? ¿O tal vez su ausencia de moral? Es posible que sea una mezcla de todo ello, y sin embargo, hasta un mecánicamente perfecto robot puede resultar igual de grimoso. Y mucho más. Sólo tienes que ver la creación que tienes sobre estas líneas, un autómata desarrollado por Kokoro con la intención de investigar la formación del cerebro de los bebés, para lo cual ha sido equipado con 20 partes móviles en su cara que le ayudan a comunicarse sin necesidad de guturales sonidos. Cuenta además con una cámara de alta resolución y un acelerómetro de seis ejes para coordinar sus movimientos y evitar obstáculos, aunque por ninguna parte se explica por qué ha de tener semejante cabeza, siendo que sólo mide 1,3 metros de alto. Algo nos dice que lo que de verdad quieren investigar, son los traumas provocados a los científicos.



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