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Freemium: Un momento... ¿puedo entrar con el móvil pero no con Google Glass?

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En Freemium, José Mendiola opina sobre la situación actual del mundo de la tecnología Puedo dibujar perfectamente la estampa. Como si estuviera delante. Si lo recuerdas, esta semana nos hemos hecho eco de una noticia, cuando menos, curiosa: resulta que un cliente entró en un restaurante equipado con sus flamantes Google Glass y se armó el belén. El desagradable incidente se saldó con el grupo de enfurecidos clientes abandonando el local, un incómodo momento para todos los presentes y el posterior 'incendio' en las redes sociales. Ya se sabe que todo lo que toca la actualidad en lo que respecta a los gadgets cotiza al alza en la red, y alcanza hasta un pobre hombre que tiró en un descuido a la basura un pendrive muy especial. Cualquier incidente que cuente con algún ingrediente que nos sepa a nuevo, cuenta con un atractivo especial, desde luego.

Y así, volviendo al truculento asunto de las gafas, nos encontramos ante dos posturas enfrentadas, y cada una con su carga de lógica. A la izquierda del ring el encargado del restaurante, que nada entre el cuidado de sus clientes (temor a que se sientan vigilados por las súper gafas) y posiblemente cierta tecnofobia que podríamos resumir en el término glasshole (no te pierdas el divertido vídeo al respecto un poco más abajo). Al otro lado del cuadrilátero un cliente geek, de los que le gusta vivir llevando encima el último grito en tecnología y que defendía su derecho de entrar con las célebres gafas, exigiendo ver la normativa concreta que impedía su entrada. Lo cierto es que ambos tienen razón en su argumentación ¿o no?



El asunto levanta la liebre sobre un interesante debate: ¿atentan de alguna manera las Google Glass contra la privacidad de la gente que rodea a su portador? La primera respuesta, sobre todo si no se tiene un conocimiento profundo del producto puede ser "sí, lo hacen". La idea de contar con un gadget equipado con una cámara que puede disparar fotos o grabar en vídeo en cualquier momento puede llegar a inquietar a cualquiera. Pero si hilamos más fino... ¿no hace exactamente lo mismo un móvil? Que levante la mano el primero que nunca haya 'robado' una estampa divertida en el metro o en la sala de espera del médico para volar a compartirla con los amigos, o peor aún, en las redes sociales. Técnicamente, Google Glass no deja de ser un dispositivo equipado con una cámara de fotos al igual que lo es un smartphone, y en realidad no es mucho más difícil tomar una foto o un vídeo en un móvil que en las gafas. Alguien puede argumentar que las gafas están siempre en una posición idónea para activar la cámara, pero el que opine lo contrario puede explicar en buena lógica que sacar una foto con las gafas de los de Mountain View es más evidente que hacerlo con el móvil.

Google sabe que camina sobre barro en este asunto y ha querido despejar todo tipo de dudas en torno a la posible amenaza a la privacidad que rodea a su dispositivo: "hemos creado señales evidentes que muestran que el equipo se está utilizando", explican. Y así, argumentan que para sacar una foto el usuario tiene que dar la orden de viva voz o bien accionar el control con la mano, y en ambos casos la pantalla se iluminará. Los californianos han querido dejar claro que no permitirán ningún tipo de aplicación que cuente con algún sistema de reconocimiento facial, y es que saben que el espinoso asunto de la privacidad puede convertirse en la gran amenaza para su gran apuesta. Pero lo cierto es que si somos estrictos, un móvil puede resultar una amenaza mucho más real que las gafas de Google: cuenta con una batería muy superior, puede publicar en la web directamente el contenido capturado y a diferencia de Glass, no hay un solo signo externo que nos indique la cámara o micrófono están activos. El controvertido producto de Brin y Page es mucho menos potente en este terreno: cuenta con una batería mucho menos capaz, está casi siempre en stand-by y la cámara no llega ni de lejos a la de un móvil.

Hay mucho de preocupación real en torno al nuevo producto, pero si somos rigurosos, el riesgo contrastado lo tienen los móviles y ya nos hemos habituado a ellos. Parece que Glass está arrastrando la losa de ser el primer producto de estas características. En este sentido, los que tienen más años recordarán cómo fue la primera etapa de los móviles, cuando eran tan pocos que cuando a uno le sonaba en el bolsillo la gente se giraba para mirar y no digamos cuando se sostenía en la oreja y uno se sentía observado como si fuera un glasshole de la época. ¿Nos acostumbraremos a ver las gafas de Google como algo cotidiano? Dependerá de si la marca logra universalizar el producto o finalmente se queda como un dispositivo de nicho. Pero si a uno le echan de un local por llevar las Glass, bien podría exigir que le acompañaran todos los que tuvieran un smartphone ¿no?

[Más información: Techradar, Geekwire, MarketingLand]

En Freemium se expresa la opinión personal del autor. Engadget no se responsabiliza ni supervisa los puntos de vista vertidos en estos artículos

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