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Freemium: Nest, clientes cabreados y... un 'unfollow' de Phil Schiller

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En Freemium, José Mendiola opina sobre la situación actual del mundo de la tecnología Las vueltas que da la vida. Que se lo cuenten a Tony Fadell. No cabe duda que el paso de este ingeniero de origen libanés por Apple le marcó de lleno, y por lo que parece no sólo en el plano profesional. Fadell fue uno de los 'padres' del iPod y ya sólo por eso cuenta con una parcela en la historia de la tecnología, pero se cansó de la presión de la firma de Cupertino -y posiblemente de algunos roces- y así, en noviembre de 2008 anunció que lo dejaba, que abandonaba. Con la cartera bien llena y sin problemas económicos, se centró en cuerpo y alma a su nuevo proyecto: una nueva casa cercana al lago Tahoe que fuera eficiente energéticamente. Que fuera lo más sostenible posible, y por descontado, que los criterios de climatización fueran eminentemente eficientes. Aquí se topó con el primer problema, y posiblemente la gallina de los huevos de oro.

La suerte de los ganadores o la recompensa de los luchadores. El caso es que nuestro hombre descubrió que no había ningún termostato en el mercado que satisficiera sus necesidades: algo completamente automatizado que tuviera en cuenta no sólo la temperatura interna de la casa para encender la calefacción o la climatización, sino que supiera si en ese momento había alguien en casa o cuál era la situación de la meteorología en el exterior. Había nacido Nest. Fadell ya tenía entretenimiento y un nuevo 'juguete' en el que volcar su indiscutible talento. Que uno de los artífices del iPod se centre en un nuevo producto de cuña propia eran palabras mayores y el termostato salió a la venta impactando tanto a los medios como al mercado.


La breve historia de Nest estaba trufada de éxitos: Apple seguía mirando con un cariño retozón a uno de sus exempleados estrella y había quienes especulaban incluso que el ingeniero podría volver a la firma por la puerta grande en un futuro. Pero nada de eso pasó. Nest, eso sí, fue tratado como un producto estrella y, posiblemente en deferencia por la relación con la marca, Fadell permitió que saliera a la venta en exclusiva en la tienda on-line de la firma de la manzana. El romance Apple-Fadell continuaba a niveles tórridos y la jovencísima firma siguió con su calendario de lanzamientos optando esta vez por un detector de humos que seguía el mismo patrón que el termostato de la casa: conectado al router, accedía a la red para enviar la información registrada en el hogar y alertar a los usuarios del dispositivo si algo iba mal. Esto último no puede decirse de Nest, la empresa, que seguía despertando admiración al tiempo que la domótica se iba convirtiendo en un elemento cada vez más habitual en los hogares.

Se trataba de un producto innovador, diferente y con un acabado espectacular, pero que por otro lado, contaba con la llave que daba acceso a uno de los activos que más se cotizan en este momento: la información. Nest era en realidad un pequeño espía que sabía a qué hora del día entrábamos, salíamos y en definitiva, cuáles eran nuestros hábitos. Cruzando esta información con el código postal, clima, y vaya usted a saber qué más variables, una empresa centrada en la explotación de datos demográficos podría sacar chispas del producto. ¿Y qué firma tiene una pequeña obsesión por recabar cada vez más información de los usuarios? Efectivamente, Google, que es de talonario fácil, no lo dudó: Nest se convirtió en una de sus adquisiciones más sonadas, y Fadell, más millonario si cabe. Conmoción en el mercado y pavor entre buena parte de los usuarios, algunos de los cuales optaron por desinstalar ese simpático dispositivo que ahora miraban con recelo.

El termostato de Fadell se había convertido de la noche a la mañana en un incómodo ojo que sabía al dedillo nuestras costumbres y ahora esta información estaría en manos de Google, que no dudaría en traficar con ella. Pero además de este revuelo entre los usuarios y el creciente temor al cariz que está tomando la firma de Mountain View, cada vez más presente en nuestras vidas, nadie se paró a preguntarse qué pensaría Apple de todo esto. No hizo falta esperar mucho puesto que ayer una de sus rutilantes estrellas nos lo recordó: Phil Schiller, el dicharachero director de marketing de la firma de Cook y compañía, debió sentirse ofendido en lo profesional y decepcionado en lo personal, porque optó por dejar de seguir en Twitter a Fadell y todas las cuentas de su producto. El temido 'unfollow', aunque esta vez utilizado como vendetta, o más bien, pataleta.

Que alguien deje de seguir a otro usuario en la red social del pajarito no es en sí noticia, pero Schiller no es cualquiera, y sigue apenas un centenar de cuentas, con un uso muy esporádico de su cuenta en Twitter. En este caso, el 'unfollow' ES noticia y pese a que seguro que se ha quedado a gusto con el contundente gesto, ha dejado en evidencia algo bastante más importante: el golpe ha dolido a Apple, y esto no suele ser tan habitual, y menos expresarlo. En definitiva, Google acapara cada vez una faceta más grande en nuestras vidas y el volumen de información personal que acumula invita a una tranquila reflexión, aunque a ver quién mantiene la calma sabiendo que además están preparando un ejército de infatigables empleados que también entrarán en nuestras casas...

[Más información: AppleInsider, BGR]

En Freemium se comparte la opinión personal del autor. Engadget no se responsabiliza ni supervisa los puntos de vista vertidos en estos artículos

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