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MSI Vortex: El precio de la integración

Altas prestaciones que podrían quedar obsoletas sin posibilidad de ampliación.
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En el catálogo de MSI hay un equipo que llama especialmente la atención. Es una torre muy peculiar, ya que con un diseño cilíndrico y una lista de características insuperables se coloca como el modelo más alto de todo el catálogo de la marca. Es el Vortex, el sobremesa con el que MSI quiere cubrir todo tipo de necesidades, desde el que tiene problemas de espacio, hasta el gamer más exigente. ¿Podrá convencernos?

Gallery: MSI Vortex G65 | 17 Photos

Estamos obviamente ante un equipo singular. Nada más sacarlo de la caja nos damos cuenta que es un equipo diferente al resto, que comparte las líneas y el diseño de la gama Gaming de la marca, pero que con un formato vertical busca llamar la atención rápidamente a todo aquel que le eche un ojo. Resulta bastante complicado no mencionar al Mac Pro de Apple en este análisis, ya que básicamente podríamos decir que se trata del estandarte y ejemplo a seguir en este tipo de diseños. El modelo de MSI no es tan puro ni perfeccionista en diseño, aunque a su favor podemos decir que sí casa con el espíritu gamer al que va dirigido el equipo.

Sólo tenemos que echar un ojo la línea central que decora el equipo. Una zona de LEDs personalizables que darán color al chasis y que podremos configurar a nuestro antojo con la ayuda del panel de control de MSI. Es el toque desenfadado que tanto gusta entre los usuarios de juegos, y que sin lugar a dudas se encargará de llamar la atención en el momento que enciendas el equipo.



A nivel interno nos encontramos una vez más con ciertas referencias del Mac Pro, ya que la estructura interna de los componentes está organizada en forma de triángulo. Así se consigue una mejor organización y se compensa el calor generado por el procesador y la pareja de gráficas, de las cuales hablaremos más adelante. La integración es perfecta, y el trabajo de MSI consigue hacerse con muy buena nota en este aspecto. Echamos en falta un sistema de apertura más cómodo y sencillo, ya que para acceder al interior deberemos de retirar 6 tornillos torx que liberan las dos placas laterales, aunque viendo el interior del equipo entendemos que el usuario no tendría necesidad de abrir la caja en ningún momento.

¿La razón? Las opciones de ampliación. A menos que quieras ascender a los 64 GB de RAM (si es que no los colocas de serie), las opciones de configuración estarán limitadas al cambio del disco SSD. Las tarjetas gráficas, al ser modelos personalizados, no podrán sustituirse por versiones futuras a menos que el fabricante lance módulos de expansión. Se trata de dos unidades de la GTX 980 especialmente preparadas para el equipo, por lo que tendrás que olvidarte de cambiarlas en un futuro por las apetecibles GTX 1080. Esto obviamente tiene su parte buena, y es que ha permitido reducir al máximo las dimensiones del equipo, manteniendo todo un monstruo gráfico en un pequeño cilindro que se podría transportar con bastante facilidad.



Si miramos a la CPU, el procesador elegido para dar vida al equipo es un Core i7 de sexta generación, una muestra más de que MSI no se anda con limitaciones a la hora de equipar a su Vortex. Semejante potencial necesita un sistema de refrigeración adecuado con el que evitar excesos de temperatura, y ahí es donde entra una vez más el diseño interno del equipo. Un gran ventilador central colocado en la zona superior se encarga de absorber todo el calor interno para extraerlo hacia el exterior, capturando el aire frío situado en la zona inferior del equipo y utilizándolo para ventilar los distintos disipadores que se encuentran en el interior. La solución es realmente efectiva, y aunque MSI asegura que resulta más silenciosa que una configuración estándar de sobremesa, la unidad que hemos podido probar realizaba un leve zumbido constante que no era especialmente agradable.

Por muy compacto que sea, el Vortex ha sabido encontrar hueco para un sin fin de conexiones. Tendremos a nuestra disposición cuatro puertos USB 3.0, dos salidas HDMI, dos Ethernet Gigabit con tecnología Killer, dos puertos USB type C (Thunderbolt) y otros dos mini DisplayPort. Estamos por tanto ante una estación a la que le podremos conectar muchísimos accesorios, algo que por otro lado romperá con la estética minimalista y ordenada que nos brinda este peculiar chasis. Algo bastante importante es que la fuente de alimentación llega también integrada dentro del cuerpo, un detalle que se agradece bastante y que demuestra una vez más el mimo de MSI a la hora de diseñar este equipo.



Pero el problema llega al pasar por caja. Todas estas especificaciones no auguran un presupuesto ajustado, pero lo más probable es que la mayoría de usuarios se lleven las manos a la cabeza al ver el precio final del equipo. Aunque hay versiones más económicas con i7 6700, 16 GB y doble GTX960 por 2.300 euros, la unidad que hemos podido probar se colocaba en lo más alto de la tabla con un precio de 4.400 euros. Es una cifra increíblemente alta a la que le afectan dos problemas bastante graves.

Por un lado, tenemos el dilema de siempre. ¿Qué puedo comprar con todo ese dinero? La respuesta es una gran cantidad de componentes de gran calidad, pero teniendo en cuenta el trabajo de diseño y el resultado tan compacto que ofrece MSI con el Vortex, podríamos darle cierta ventaja en ese aspecto. Pero el razonamiento comienza a desmoronarse cuando al configurar un equipo similar conseguimos mayor rendimiento en juegos, especialmente por la versión de las GTX980 utilizadas. Un equipo de similares características nos saldría por unos 1.500 euros menos sin buscar demasiado, una cantidad realmente importante que muchos no estarán dispuestos a pagar de más.



A esto hay que sumar la imposibilidad de renovar componentes tan importantes como las gráficas. ¿Y si queremos cambiarlas el año que viene por las nuevas GTX 1080? La integración del equipo no nos permitirá renovar el apartado gráfico, y tendremos que aguantarnos con hardware obsoleto tras desembolsar 4.300 euros. MSI debería de ponerse las pilas y ofrecer desde ya la opción de incluir las nuevas GTX 1080, o al menos reducir el precio del equipo.

Todos estos puntos negativos no significan que estemos ante un mal equipo. Al contrario, el rendimiento es excelente, y nos ha dado unos resultados espectaculares a la hora de utilizarlo como equipo de realidad virtual. Con este Vortex G65 hemos podido probar muchísimos juegos junto a las HTC Vive, sin sufrir retrasos de la imagen ni bajada de frames en las distintas pruebas. De hecho, es un equipo bastante cómodo para esta función, pudiendo realizar las conexiones oportunas sobre la mesa y disponiendo de muchas soluciones a la hora de conectar un monitor externo.

Pero las dudas sobre su limitada vida nos generan serias dudas acerca de la inversión que supone la compra de este equipo. Estamos ante un precio extremadamente alto para un producto que ofrece el diseño compacto como única diferenciación y ventaja frente a una configuración clásica. Y eso posiblemente no sea algo que muchos usuarios estén dispuestos a permitir.

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