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No era jugón... hasta que probé la Nintendo Switch

Primeras horas con la Nintendo más transformadora.
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8AM. Y esta mañana no puedo salir de casa.

El servicio de tracking del mensajero me indica que el paquete "está en reparto", una expresión que los apasionados de la tecnología conocemos bien. Un término vago e impreciso que obliga a uno a no moverse del sofá. Pero la espera termina abruptamente con el timbre de la puerta.

Una caja mucho más pequeña de lo que mentalmente uno se había imaginado con anterioridad. Un momento ¿ahí cabe la Nintendo Switch? Y sí, tras abrir el embalaje ahí aparecen las dos cajas: la consola por un lado y The Legend of Zelda: Breath of the Wild, por otro. Nervioso, voy despreciando la caja de la consola y pronto me topo con el primer rasgo inconfundible que el fabricante ha querido imprimir en el producto: la calidad, y a raudales. Todo está milimétricamente calculado en el embalaje y hay un hueco para cada cosa.

Conteniendo con dificultad la ansiedad, sigo obediente las instrucciones de instalación del fabricante; todo muy gráfico y sin margen de errores. Carga, montaje del dock, conexión a la red WiFi... Todo funciona a la primera y sin atisbo de errores. Mi gran temor era que al conectar la consola al televisor algo fuera mal pero sin problemas. La Switch ya está operativa y con los Joy-cons ajustados. Introduzco el cartucho de Zelda e instantáneamente el sistema solicita instalar una actualización del juego.

No transcurren más que unos pocos segundos y escucho la sugerente voz: "Open your eyes" que da paso a este épico título. En nada me encuentro sumergido en los verdes campos y corriendo por el prado disfrutando de un nuevo mundo. Sí, esa es exactamente la sensación: te transportas a un nuevo mundo, y pronto te sorprende recordar que sujetas entre tus manos una consola portátil y no todo un sistema de entretenimiento. Un logro difícil de alcanzar que Nintendo consigue sin despeinarse.

El tiempo vuela. Es difícil separarse de esa realidad virtual que nos absorbe y volver al mundo real, lleno de obligaciones y monotonía, al que en realidad pertenecemos. Nada que ver con la sensación ofrecida por mi anterior Nintendo, la nueva 3DS XL: ni punto de comparación. Las sensaciones son completamente diferentes; la Switch se siente tremendamente cómoda en las manos y su uso es satisfactorio en cualquier posición. Aunque el fuerte de la Switch sea precisamente su capacidad de transformación, debo decir que como más cómodo la he utilizado ha sido en su faceta portátil.

El cambio al modo "sobremesa" es instantáneo, pero los que hemos usado principalmente consolas portátiles sabemos que es mucho más sencillo apretar un botón y comenzar a jugar, que arrancar un sistema, encender el televisor y acomodarse en el sofá. Sí, son matices pero al final, en un perfil de usuario, marcan realmente la diferencia. Y pronto percibo que con la Switch esto tiene todos los visos de cambiar. El otro gran logro de Nintendo consiste en trasladar una experiencia de juego muy cercana a las consolas de sobremesa en un dispositivo portátil (no diremos de bolsillo, pero casi).

Sigo avanzando por los verdes prados de The Legend of Zelda: Breath of the Wild mientras pienso que aquí hasta el último céntimo invertido ha merecido la pena. Ahora espero al final del día para encontrar ese momento de evasión en el que sentarme en el sofá y dejarme atrapar por esta aventura y lo bien estructurado del hardware de los japoneses. No soy experto en juegos, ni muy aficionado a las consolas, pero esto tiene toda la pinta de haber cambiado gracias a la Switch. ¿Será ese el otro gran mérito de Nintendo, el de lograr clientes entre los no 'jugones'?

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