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Surface es maravilloso... ¿Por qué no triunfa?

Microsoft no logra que sea masivo.
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Misión: recuperar las posiciones perdidas en el terreno de la movilidad.

No vamos a hacer sangre del árbol caído pero desde el fatídico día en el que Ballmer se rió abiertamente del recién presentado iPhone, Microsoft parece luchar contra un muro en el mercado de los dispositivos móviles sin lograr grandes avances. Y a mayor desgracia, el tiempo ha demostrado que se trata de un mercado crítico en la industria en la actualidad y responsable del grueso de la facturación entre los fabricantes implicados. Los de Redmond lo han intentado por activa y por pasiva y fruto de ello, nace Surface, un nuevo concepto de producto tremendamente atractivo que casi todo el mundo quiere, pero nadie compra.

¿Qué está sucediendo exactamente? A priori, no se puede criticar la estética y el diseño del producto; desde el primer momento ha sido laureado en todo momento y los que lo hemos tenido en nuestras manos podemos confirmar que se trata de un equipo muy bien confeccionado. Diseño y conveniencia: la idea de llevar tanto un tablet como un portátil en un solo equipo y ocupando básicamente lo mismo que su gran rival -sí, el iPad-, resulta ganadora solo plantearse. Y los que lo hemos tenido podemos confirmar este extremo también.

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Tal vez sea el precio... Pero tampoco: Microsoft ha hecho enormes esfuerzos en este terreno en sucesivas campañas y el precio no parecía un obstáculo, en un principio, para quienes se quisieran hacer con un Surface. El fabricante situó desde un comienzo el precio del dispositivo en un rango semejante al del iPad, pero también resultaba competitivo para quien quisiera hacerse con un portátil. Y es aquí donde comenzamos a pisar en falso en la estrategia del fabricante a la hora de comercializar su equipo. ¿Es un tablet? ¿Un portátil? Sí, es un convertible, pero ¿a qué comprador exactamente se dirige?

La pregunta puede parecer baladí, pero no lo es. Si el comprador en cualquier mercado valora algo realmente es la claridad: sabe distinguir entre un lápiz y un bolígrafo, y aunque un lápiz-bolígrafo pueda perecer una genial idea, de partida ya invita a la confusión. Es posible que Surface haya padecido de este fenómeno y a la postre se haya visto arrastrado por el mercado en un declive imparable en las ventas. De esto Apple sabe un rato; al cliente hay que presentarle los productos con una claridad meridiana: un portátil, un tablet, un móvil... La gama de los de Cupertino puede canibalizarse pero quien compra ya sabe a qué se atiene.

Pero no es la confusión del mercado el gran lastre que ha arrastrado Surface desde sus inicios, sino la de la plataforma, o más concretamente, el ecosistema. Volviendo al iPad, Apple siempre ha apostado con contundencia por la App Store, logrando que iOS sea tremendamente poderoso y muy rentable. El usuario que compra un iPad tiene claro dos cosas: que las apps funcionarán a la perfección, y que hay un nutrido surtido de aplicaciones con las que satisfacer prácticamente todas las necesidades de los usuarios.

Los que hayan comprado un Surface saben que se enfrentan a una situación bien diferente: una plataforma más desktop que móvil y una tienda de aplicaciones que tras varios años, sigue sin ofrecer una experiencia homogénea al usuario. Falta de apps y sobre todo, unos desarrollos, en términos generales, mucho más pobres. Es comprensible: a los desarrolladores no les compensa invertir en una plataforma cambiante y con un número de usuarios muchísimo más reducido. ¿Hay futuro para Surface? Por el momento, Microsoft continúa avivando la marca, aunque esta vez en una vertiente meramente portátil.

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