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Por fin he encontrado mi ordenador definitivo: se llama Surface

Poco a poco se ha ido convirtiendo en un equipo para todo.
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Todo fue fruto del azar. Una visita accidental a FNAC para comprar una funda para el iPhone me llevó hasta el cabecero de un lineal en el que se mostraban varios Surface Pro en lo que me parecía un precio de derribo. La oferta, en concreto, se refería a un Surface Pro 4 (el modelo precedente al que acaba de presentar Microsoft), con funda-teclado, stylus y chip Core i5, todo por menos de mil euros.

Tras un par de visitas y tras leer múltiples análisis en los que destacan las bondades del equipo y sobre todo, la impresionante evolución de Windows 10, decidí probar. Y sí, la palabra es "probar" puesto que inicialmente pensaba que aquello sería un viaje de ida y vuelta: probarlo y posiblemente devolverlo al poco tiempo por no cubrir mis expectativas.

Pero con el paso de las semanas el equipo fue poco a poco conquistando mi corazón geek: todo funcionaba sin asperezas y atrás quedaron los tiempos en los que había continuos reseteos o el ordenador se congelaba. El Surface Pro 4 junto con Windows 10 se mostraban sólidos en todo momento y en la Windows Store cada vez había más aplicaciones que aprovechaban todo el potencial del equipo.

Mis suspicacias comenzaron a disiparse y en poco tiempo fui víctima de la segunda flecha de este Cupido de Redmond: la versatilidad. Por la mañana lo utilizaba como tablet para leer las noticias, correos o consultar los movimientos del banco. El stylus siempre está ahí y me acostumbré a utilizarlo con cada vez más frecuencia.

Ya en la calle, el Surface es la expresión mínima de lo que puede ser un ordenador portátil. No pesa, es extremadamente ligero y cabe en cualquier mochila. Pero tal vez su punto fuerte sea el poder usarlo como un ordenador hecho y derecho gracias a la funda teclado y la bisagra posterior. El "transformismo" es casi instantáneo: en segundos pasa de ser un tablet a convertirse en un portátil, y opcionalmente puede ser también un bloc de notas.

Mi corazón se sintió ya completamente arrobado cuando el uso del Pen fue totalmente natural: por mi trabajo uso mucho los mapas mentales y pronto me habitué a pulsar el botón superior para abrir la app de bocetos, o dos pulsaciones y utilizar OneNote... Todo configurable por el usuario y con escasas asperezas. Es cierto que todavía le queda un amplio camino que recorrer, pero Microsoft lo ha logrado: Surface es mi nuevo ordenador... y tablet.

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