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Un estudio demuestra que oler la comida ¡engorda!

De momento las pruebas se han hecho en ratones pero los resultados son sorprendentes.
Drita, @drita
07.06.17
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"Engordo solo con olerlo". Cuántas veces habremos dicho u oído esta expresión. Pues bien, resulta que semejante exageración puede que sea finalmente... ¡cierta!. Así al menos lo aseguran desde la Universidad de Berkeley, donde un grupo de investigadores han encontrado resultados sólidos sobre una posible relación entre el olor de la comida y cómo este influye en nuestro metabolismo. Lo que estás leyendo.

El estudio, dirigido por Andrew Dillin y Céline Riera y publicado recientemente en Cell Metabolism, tenía como objeto descubrir cómo influye el olfato en la acumulación de grasas. Para estudiarlo tomaron como sujetos de pruebas a un grupo de ratones divididos en dos grupos distintos: en el primero se les sometería a terapia génica para anular las neuronas olfatorias que les privarían de la capacidad de oler, mientras que en el segundo grupo se encontrarían los ratones de control (intactos). Tras tres semanas sin olfato, a ambos grupos se les dio de comer una dieta rica en grasas comprobando que, si bien todos los animales comían la misma cantidad, los que no tenían olfato engordaban mucho menos, disfrutando de un metabolismo más rápido.

Esto les llevó a una segunda etapa del experimento: anular el olfato a ratones obesos, con la sorpresa de que su índice corporal descendió a niveles normales mientras que un segundo grupo de control con obesidad y olfato intacto se mantuvo igual.

Dillin y Riera aún querían ir un poco más allá por lo que se preguntaron qué pasaría si aplicaban la misma dieta rica en grasas a un grupo de ratones manipulados para tener precisamente un olfato súper desarrollado. El resultado no podría ser más esclarecedor: los roedores ganaron más peso que los que tenían este sentido intacto.

Aún es pronto para sacar conclusiones definitivas, pero basándose en los resultados de este estudio, los investigadores han desarrollado una hipótesis que indica que el olfato avisa a nuestro sistema que ha llegado el momento de comer, predisponiendo a nuestro cuerpo y preparándolo para reservar y almacenar lo que comemos. De esta forma, oler los alimentos estaría modificando nuestro metabolismo sin que nos demos cuenta.

De igual forma no oler la comida hace que nuestro cuerpo no se ponga en alerta, manteniendo su ritmo habitual y colaborando en el habitual gasto metabólico.

Argentinian barbacue, including all meat and sausages typical form latin america, with fire at the back

Evidentemente el estudio no puede todavía aplicarse a seres humanos. Solo se ha probado en ratones y sus conclusiones podrían no poder extrapolarse a nuestro organismo. Pero los investigadores sí confían que nuestros mecanismos podrían trabajar de manera similar, por lo que no nos extrañaría que continuen con la investigación para poder llevarla acabo en humanos. Andrew Dillin apunta que los sistemas sensoriales son determinantes en el metabolismo y que si pueden demostrar su hipótesis en humanos se podría desarrollar algún tipo de fármaco que "interrumpa el circuito metabólico" creado sin afectar el sentido del olfato. Mientras sigamos disfrutando de olores tan maravillosos como el de una parrilla argentina... bienvenido sea.

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