Image credit:

Seis meses usando una e-bike como medio de transporte único: mi experiencia

Pros y contras el salto a la bici eléctrica como único medio de transporte urbano.
0 Shares
Share
Tweet
Share
Save

Cada vez más atascos y con unas infraestructuras que no dan para más, moverse por la ciudad poco a poco fue transformándose en una experiencia estresante y cara, muy cara. Y no hablo especialmente de una gran ciudad: mi 'pesadilla' de la movilidad urbana se encuentra en San Sebastián, una ciudad que no llega a los 200.000 habitantes, pero no por ello consigue eludir los zarpazos de una cuestión física: cada vez más coches saturan unos viales que ya no pueden crecer. ¿Tenía aquello sentido? El transporte público era una gran alternativa, pero muy limitada en muchos aspecto (horarios, horas punta, zonas a las que no llega...). ¿Por qué no la bicicleta?

San Sebastián es una ciudad que cuenta con una extensa red de carriles-bici mediante la cual se puede llegar a la gran mayoría de los barrios sin tocar el asfalto, pero es también una ciudad con zonas altas y bastantes cuestas cuando se quiere acceder a ellas. Lo de la bicicleta parecía un buen plan, pero si era eléctrica la alternativa al coche como medio de transporte único parecía mucho más seria. En mi caso opté por una Orbea Katu E, una bici eléctrica urbana con una gran cesta de carga anclada al chasis.

Un paso lógico

Lo primero que hay que asumir a la hora de optar por la bicicleta como medio de transporte único es que los tiempos netos de traslado, dependiendo de la distancia, son prácticamente idénticos en traslados medios (yo diría que por debajo de los 4 kms). Es decir, que con el coche uno tiene que ir al garaje o parking, circular por las vías convencionales (atascos, semáforos, etc.), para luego llegar a destino, buscar aparcamiento e ir andando el último tramo hasta el destino. Con la bici, uno se monta, circula por los carriles bici (apenas hay semáforos) y llega hasta la puerta de destino sin pasos intermedios.

Con el paso de los días fui descubriendo que en muchísimos casos, los tiempos netos en bici eran muy inferiores, y por otro lado, el "factor estrés" prácticamente desaparece: montarse en bicicleta es una experiencia relajante y tremendamente enriquecedora en la que uno borra de la cabeza los inconvenientes del tráfico saturado (bocinazos, atascos, malos hábitos...). Por otro lado, el motor eléctrico amplía mucho el abanico de uso del vehículo: ya no llegarás sudado, pero sobre todo, no hay distancia ni cuesta que pueda suponer una limitación. Con el selector del dedo puedes ir escogiendo la potencia de la asistencia y que nadie piense que con una ebike no se hace ejercicio, sino que éste es simplemente pausado y dosificado, lo perfecto para una conducción de disfrute.

Adiós coche, hola e-bike

Llegó el día del salto oficial y dejé el coche en el garaje. Pronto mi entorno comenzó a habituarse a verme en bici en todo tipo de situaciones (trabajo, cenas, encuentros familiares...), de hecho, el coche pasó a ser ese "mal necesario" para fines de semana en desplazamientos de familia. Pasaron los días y con ellos las semanas: la factura mensual de consumo de combustible se redujo a una tercera parte de lo que linealmente venía pagando a lo largo de los años; sí, tres veces menos y esto era solo la parte monetaria del asunto. Aunque me considero una persona bastante activa físicamente (camino entre 8 y 10 kilómetros al día -gracias, Galleta-, con la e-bike la actividad se multiplicó y con ella una agradable sensación de llegar "a tope" a los sitios.

Por otro lado y aunque muchos puedan considerar esto algo menor, la enorme sensación de estar haciendo algo responsable con el respeto por el medio ambiente, o por lo menos, no contribuir al despropósito de pagar por saturar las calles y contaminar tu ciudad. Pronto me habitué a circular a toda pastilla junto a vehículos atrapados en enormes atascos y conductores que miraban con envidia, a calcular bien los tiempos de trayecto y a localizar los aparca-bicis municipales (sí, aquí corres el riesgo de ver tu bici 'amablemente' retirada si la aparcas al mobiliario urbano). Todo estaba siendo muy positivo, pero era consciente de que el asunto también tendría sus claroscuros.

Lo "no tan bueno" de la bici urbana

Lo estarás pensando, viviendo en un clima eminentemente lluvioso... ¿es una buena idea usar la bici como medio de transporte? La respuesta la encontré pronto: sí y no. El primer chaparrón me obligó a hacer lo que inicialmente podrías pensar, y volver al coche o transporte público. Al cabo de varios días de lluvia entendí que aquello tampoco tenía sentido: unos pantalones de agua, un chubasquero y una bolsa de plástico (luego explico esto) fueron suficientes para seguir utilizando la bici sin necesidad de mirar al cielo.

De hecho, los días de lluvia apenas hay peatones y los carriles bici están casi vacíos. ¿La bolsa de plástico? Por aquí verás muchas tapando los asientos de las bicis los días lluviosos... Pero sí, la lluvia supone un gran elemento en contra para aquellos no quieran excesivos sacrificios. Aquí uno tiene que poner su listón particular: comodidad personal, o apuesta concienciada.

El otro gran inconveniente en mi experiencia lo he encontrado en la escasa concienciación existente hacia esta forma de transporte: la gran mayoría de los coches y motos invaden los espacios de seguridad en los semáforos de las zonas 30, y buena parte de los conductores siguen "acosando" al ciclista en estas calles. Al final, lo más cómodo y seguro es el carril-bici, pero ¿por qué rendirse ante los coches? La bici no contamina, no desgasta el asfalto y no crea atascos: los invasores son los coches si lo miras bien. Por otra parte, me encontré con una inesperada paradoja: a riesgo de generalizar, los ciclistas son sus propios enemigos al no respetar las normas. Sí, soy de los pocos que respeta la prioridad peatonal y se para en los semáforos y lo hago desde la convicción de que el respeto, como en todo, hay que ganárselo.

Da el paso, pero con cabeza

El balance, pese a los inconvenientes encontrados, no puede ser mejor, y desde luego animo a todo el mundo a dar el salto (cuánto mejor serían las ciudades con menos coches), sin embargo, debe darse con cabeza y me estoy refiriendo a dos elementos: respeto y seguridad, y no sé en qué orden deben ir. ¿Seguridad? Conviene no olvidar que la bicicleta es un medio de transporte como otro cualquiera y una caída puede resultar fatal. La primera medida y más evidente es utilizar siempre el casco, pero no uno cualquiera, mejor invertir en uno de calidad y probárselo en la tienda.

Es posible que seas el único en toda la calle con el casco, pero mejor sentirse extraño que lamentar desgracias evitables por una cuestión de vergüenza. Lo segundo: que te vean, y no solo los coches. Yo he comenzado a encender las luces ya en zonas peatonales para ser visible a los peatones que vienen de frente y os aseguro que se gana en tranquilidad. Pero si pisas el asfalto, la iluminación adecuada es una obligación y te va la vida en ello.

En cuanto al respeto, por mi experiencia personal, he comprobado que los conductores te respetan mucho más si tu actitud es también de respeto. Esto es: ir con casco, señalar los giros, respetar las señales de tráfico y no hacer el "cabra" con la bici. Si te habitúas a hacerlo verás que los coches son más pacientes contigo e incluso intentan facilitarte las cosas. En resumen, la bici puede ser una seria alternativa al coche si la zona de tus desplazamientos está preparada para ello y las distancias no son excesivas; aunque esto último es matizable y si no me crees, haz una búsqueda en Google con el texto "London bike commute"...

From around the web

ear iconeye icontext filevr