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Windows, intento quererte pero no me dejas

La cara más dulce y la más amarga de la plataforma.
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Bienvenido a Freemium, una sección en la que Jose Mendiola expresa su opinión personal sobre el mundo de la tecnología. Engadget no se responsabiliza ni supervisa los puntos de vista vertidos en estos artículos.

En los romances, los dos tienen que poner algo de su parte o de lo contrario, es posible que la magia termine abruptamente. Una tórrida relación que se enfría porque una de los intervinientes se empeña en dinamitarla con comportamientos impropios, y algo así es que lo me está sucediendo, a grandes rasgos con Windows 10 y una Surface Pro 4. Todo iba rodado mientras usaba la Surface como dispositivo para todo: tableta, ordenador... la idea estaba resultando genial porque únicamente salía de casa con un equipo.

Hay que reconocerlo: Surface es un dispositivo casi divino; un acabado de primer nivel, un hardware excelente y francamente bien pensado, y uno daría por sentado que siendo Microsoft el integrador de hardware y plataforma, todo iría más que rodado. Y es aquí donde pronto comenzaron los problemas.

Pasaron los días y enseguida las "pequeñas incidencias" me hicieron levantar la ceja: el botón del Stylus se suponía que tenía que servir para hacer capturas de pantalla o ejecutar OneNote, pero nada de nada. Un repaso por Google me dio con la solución mágica: reiniciar. En efecto, volvió a funcionar... durante un tiempo. Pasaron las semanas y ya ni el reinicio solucionaba el problema y ya me vi contactando con el soporte que tras muchos dimes y diretes, me enviaron un nuevo pen.

El nuevo accesorio funcionó bien durante unas semanas pero pronto comprobé que volvía a fallar y sospecho que era un problema de plataforma. "En fin", me dije, tampoco pasaba nada por no poder pulsar el botón y seguí disfrutando de las mieles del dispositivo; sin embargo, descubrí que, si no reiniciaba el Surface cada cierto tiempo, algo terminaba por fallar. Conviene recordar -vamos a intentar dejar los apasionamientos de lado- que venía del entorno de Apple, en lo que todo funciona siempre sin problemas, y para mí aquello de reiniciar preventivamente era algo nuevo.

Pelillos a la mar. El equipo era plenamente satisfactorio y Fall Creators Update elevó más si cabe el listón de la plataforma; todo iba genia, me dije, hasta el punto que decidí ir un paso más allá: convertir el Surface en un sobremesa con el dock, teclado y ratón. Personalmente, odio los cables, así que adquirí todos los periféricos inalámbricos (aprovechando la conexión Bluetooth), y a mayor desgracia, escogí un ratón de Microsoft también. Y sin saberlo, había abierto las puertas del averno.

Configuré todo y ahí estaba todo bien instalado: el Surface en un lado, el escritorio inmaculado y teclado y ratón ocupando su espacio. Pronto me vi trabajando en casa como si lo hiciera con un gran ordenador desktop, y fuera de ella llevándome la misma bestia bajo el brazo. Sin embargo, la pesadilla no tardó en llegar. Tras dejarlo en reposo para ir a comer, al regresar y'despertarlo' de nuevo, ni ratón ni teclado se conectaban. "Qué extraño", me dije sin preocuparme demasiado (inocente de mí). Y comencé el calvario de las pruebas.

Activar y desactivar el modo avión no solucionaban nada, reiniciar el equipo lo hacía a veces, y reinstalar ambos equipos funcionaba siempre, pero cada vez que el Surface entraba en modo reposo había que hacer borrón y cuenta nueva. Google de nuevo para dar con algo inesperado: en el asunto del Bluetooth no estaba solo, más bien al contrario, estaba demasiado acompañado.

Pronto descubrí también que estos problemas habían provocado que Matt Miller -blogger de ZDNET- también huyera de Windows 10 a causa de lo que él calificaba como "frustración diaria" en un caso idéntico al mío. Todo lo invertido en convertir el Surface en un sobremesa no servía para nada y frustrado, volví a utilizar el equipo como un portátil sin abandonar en absoluto mi lucha particular. Realicé todo tipo de pruebas y probé todo tipo de configuraciones en el gestor de energía (en el punto de mira como principal culpable), y hasta adquirí un programa que me permitiera actualizar todos los drivers del equipo.

Como nada podía solucionar el problema, me rendí y contacté con el soporte de Microsoft, y aquí volví a iniciar otra serie de micro infartos: no hay un soporte, como tal, de Microsoft, sino que uno tiene primero que desmadejar bien todo y saber a qué puerta tocar para pedir ayuda, porque hay muchas. Al entrar en la página de soporte de la firma uno se pierde en una maraña de opciones en la que se termina en un montón de links que no solucionan nada(ojo, yo ya lo había probado casi todo) ¿y cómo contacto con alguna persona que me ayude? No pasa nada, siempre tenemos Twitter, y opté por esta vía. Me respondieron rápido... para decirme que ellos, la cuenta @MicrosoftAyuda, no podían ayudarme, sino que tenía que dirigirme al área de soporte de Surface.

Tras muchas vueltas encontré un resquicio en el área de empresas, aunque realmente yo era un autónomo, pero probé fortuna y tras un par de días, recibí un correo de una especialista que no comprendía muy bien lo que me pasaba. Al cabo de unas horas, recibí una llamada e incomprensión de nuevo con frases desesperantes del tipo: "Si el periférico es de otro fabricante, no podemos ayudarle" (echando balones fuera, pero encima ¡el periférico era de ellos!), "¿Qué versión del sistema operativo tiene?", "¿Ha actualizado el sistema?", "¿Ha probado conectar el ratón a otro equipo?".

Fui conteniendo la frustración y contestando a las preguntas pacientemente, teniendo en cuenta, además, que cada respuesta suya tardaba al menos un día en llegar. Nuevas llamadas y más correos, y todos ellos dando vueltas a cosas inútiles para quien está más o menos bregado en el mundo de los ordenadores. La pregunta "¿Ha comprobado que el Bluetooth está activado?" Es totalmente pertinente e incluso obligatoria, pero a estas alturas del desastre sonaba a insulto.

Así las cosas y cuando ya tenía la sensación de hablar más con la especialista de soporte que con mi mujer, llegó la pregunta bomba: "¿Ha comprobado que el ratón tiene pilas?". Conviene no olvidar el contexto: habían pasado varios días y habíamos llevado a cabo todo tipo de pruebas. No pude contener la rabia y mi respuesta, siempre manteniendo la educación, fue más contundente. Pero comprobé que más efectiva: transcurrieron dos días y la agente me confirmó que se reemplazaría el equipo. Una de cal y otra de arena, puesto que estoy convencido que el problema no viene de ahí.

Entre tanto, uno ha vuelto a la seguridad y solvencia de un iPad Pro, donde todo funciona siempre y ya ni recuerdo cuándo fue la última vez que lo tuve que reiniciar. Windows, intento quererte pero no me dejas...

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