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La curiosa historia detrás del popular sonido que arranca los Mac

Su creador vendió todas las acciones… y no cobra derechos.
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Si eres usuario del un Mac seguro que sabes a qué no referimos y es que el famoso 'chime' o sonido que se escucha cada vez que se arranca o reinicia el equipo, cuenta con toda una historia detrás y un protagonista que no parece haber sabido aprovechar bien su popularidad. Como todo lo que tiene lugar en la casa, el popular sonido fue minuciosamente estudiado antes de instalarse en los equipos, y también te avanzamos que la versión inicial nunca fue autorizada, sino que fue introducida por la puerta de atrás.

Todos estos entresijos los conocemos porque CNBC ha entrevistado a Jim Reekes, el ex de Apple que alumbró el ruido de arranque (y algunos otros que luego comentaremos). Este ingeniero estaba en la nómina de la firma de la manzana allá por los años 80, cuando la marca todavía no era tan conocida y en los albores de la informática personal, y lo hizo por la puerta grande: con una demanda de la discográfica de los Beatles.

El plan era sustituir los nombres de los archivos de audio de forma que no se parecieran a nada musical, y uno de los sonidos era el del xilófono que Reekes renombró como "Susomi", explicando a los abogados que se trataba de una palabra japonesa que no significaba nada, cuando en realidad era un acrónimo de "so sue me" (demandadme) en clave de broma. Y funcionó.

Pero a este ingeniero se le conoce por el sonido de inicio que titula este artículo y según nos explica, se escogió con cuidado puesto que "en aquella época los ordenadores de reiniciaban con frecuencia". Por aquel entonces, Apple empleaba un sonido tritono que sacaba de sus casillas a nuestro protagonista y decidió componer la primera versión del tono que hoy conocemos en un piano digital en el salón de su casa. Como conocía personalmente a los ingenieros de desarrollo, les entregó el archivo para que se integrara en la ROM sin pedir permiso a nadie.

Le hicieron caso y dada la presión de la firma por llegar a los plazos, ya no se podía echar atrás: el sonido se quedaría para (casi) siempre -incluso tuvo su cameo en Wall e-. La parte más sombría de esta historia es que Reekes no cobra ni un solo derecho por este sonido, y peor aún, tampoco por el de la cámara de fotos del iPhone, que también era suyo. Por terminar de empeorar las cosas para este ingeniero, vendió su paquete de acciones de la compañía en el peor momento: "ahora sería multimillonario", se lamenta.

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